El especialista en urología Jorge E. Labrador explica cómo los controles preventivos y el conocimiento de los factores de riesgo permiten diagnosticar a tiempo una enfermedad que, en sus comienzos, no presenta síntomas.

A nivel global, el cáncer de próstata se ubica como el segundo más común en la población masculina. Si bien la edad media de diagnóstico oscila entre los 55 y 71 años —siendo mucho más prevalente a partir de los 60—, las estadísticas en países con registros estrictos, como EE.UU., demuestran el fuerte impacto de esta afección, donde causó 35.770 muertes en 2025.

Más allá de la edad, existen factores de riesgo clave que incrementan las probabilidades de contraer la enfermedad:

  • Predisposición genética: Antecedentes familiares de primer grado con cáncer de próstata o historial de cáncer de ovario en la madre.
  • Estilo de vida: Obesidad, tabaquismo y dietas con alto contenido de grasas animales y bajo consumo de frutas y verduras.
  • Otros factores: Población masculina afroamericana y la exposición laboral a pesticidas o sustancias químicas.

La clave: Un control preventivo a tiempo

La complejidad de este tumor radica en que, en sus etapas iniciales, no produce síntomas ni dificultades para orinar. Por este motivo, los controles médicos de rutina adquieren una relevancia fundamental: detectar la afección de forma precoz optimiza drásticamente los resultados de los tratamientos, mejorando la supervivencia y la calidad de vida del paciente.

Métodos de detección actuales

El protocolo de control se basa en dos herramientas complementarias:

  • Examen digital rectal (Tacto rectal): A pesar de las falsas creencias que lo rodean, hoy en día continúa siendo la única vía para detectar nódulos o durezas que, en ocasiones, no se manifiestan en los estudios convencionales.
  • Antígeno Prostático Específico (PSA): Es un análisis de sangre que sirve como herramienta principal de pesquisa. Aunque el valor general de referencia se ubica por debajo de 4 ng/ml, este resultado es relativo según la edad. Asimismo, un valor superior no siempre implica un tumor, ya que la inflamación o el agrandamiento benigno de la próstata también lo pueden alterar.

 

Si en el examen físico se detecta alguna anomalía, se debe continuar con los estudios correspondientes, incluso si el valor del PSA se encuentra dentro de los parámetros normales. Para establecer un esquema de prevención eficaz, la recomendación profesional divide a los pacientes según su carga genética. Aquellos hombres que cuenten con antecedentes familiares directos de cáncer de próstata forman parte del grupo de mayor riesgo y, por lo tanto, deben iniciar sus controles anuales de forma temprana a partir de los 40 años. Por otro lado, quienes no registren este tipo de antecedentes familiares pueden comenzar con su rutina de chequeos preventivos a partir de los 50 años. Respetar estos plazos es fundamental, ya que el cáncer de próstata es un tumor silencioso que, gracias a los constantes avances médicos, se puede curar si se detecta a tiempo.

Especialista Consultor en Urología Centro Médico Monserrat M. N. 78.178