Son grandes aliados para calmarlos, pero si se extienden en el tiempo pueden alterar la forma de su boca y su mordida. La Dra. Yael Mancera nos explica cómo actuar a tiempo.
Durante la infancia, los huesos de la cara y los dientes son súper moldeables. Por eso, si un hábito de succión se mantiene de forma prolongada, la boca termina adaptándose a la forma del objeto, generando problemas en el crecimiento de los maxilares.
Los hábitos de riesgo y cuándo poner límite
- Mamadera: Lo ideal es retirarla al año y fijar el límite a los 2 años. Evitá darla de noche con líquidos azucarados para prevenir las caries de la temprana infancia.
- Chupete: Es normal al principio, pero más allá de los 2 o 3 años altera la posición de los dientes.
- Succión del dedo: Al ser de libre acceso, es el más difícil de eliminar. Su presión constante deforma el paladar y la alineación dental.
Las consecuencias si no se frenan a tiempo
- Mordida abierta: Los dientes de adelante no se tocan al cerrar la boca.
- Mordida cruzada: Los dientes superiores muerden por dentro de los inferiores.
- Dientes “hacia afuera”: Desalineados o adelantados.
- Problemas funcionales: Dificultades para masticar, hablar (pronunciación) o respirar correctamente, afectando también su estética y autoestima.
Para ayudar al niño a dejar estos hábitos desde el afecto y la paciencia, es ofrecerles alternativas de consuelo para sustituir el objeto, como un peluche de apego, una nueva rutina de sueño o simplemente un abrazo. Por último, empezar a fomentar el uso del vaso desde temprano es una excelente manera de hacer la transición y evitar el uso innecesario de la mamadera.
La clave: actuar a tiempo
La primera consulta odontológica debe ser desde el primer año de vida. Los controles periódicos permiten al especialista detectar alteraciones y, si es necesario, indicar aparatos simples o ejercicios para guiar el crecimiento, evitando tratamientos de ortodoncia complejos en el futuro.
Ortodoncista Centro Odontológico Monserrat