En el marco del Día Mundial del Linfoma, conversamos con la Dra. Karina Turdo (M.N. 91394), especialista del Centro Médico Monserrat, sobre la importancia del diagnóstico preciso y el acompañamiento médico en esta enfermedad.
El linfoma es un tipo de cáncer que se origina principalmente en los linfocitos, un tipo de glóbulos blancos que forma parte del sistema inmunológico y ayuda a nuestro organismo a defenderse de las infecciones. Puede comprometer el sistema linfático (ganglios, bazo, timo, médula ósea), pero también a otros tejidos del organismo.
Existen más de 90 subtipos de linfomas, pero tradicionalmente se dividen en Enfermedad de Hodgkin y Linfomas no Hodgkin. Éste es el grupo más heterogéneo: algunos subtipos son de crecimiento rápido y muy agresivos, mientras que otros son de crecimiento lento e indolentes.
Síntomas y signos de alerta
Cuando estas células crecen de manera descontrolada pueden acumularse y producir el aumento de tamaño de uno o más ganglios, generalmente sin dolor, en el cuello, axilas o ingles, aunque también pueden estar localizados en el tórax o el abdomen sin ser visibles ni palpables. También pueden verse afectados órganos como el bazo, hígado, médula ósea, estómago, sistema nervioso central o la piel. Otros síntomas frecuentes son:
- Fiebre persistente o recurrente sin causa evidente.
- Sudoración nocturna.
- Pérdida de peso involuntaria.
- Cansancio y prurito (picazón).
- Síntomas específicos en relación al órgano comprometido.
Cabe aclarar que estos síntomas no son exclusivos del linfoma y pueden aparecer en muchas otras enfermedades. El diagnóstico comienza con una evaluación médica completa, en la que pueden solicitarse análisis de sangre y estudios por imágenes según las características del caso. Sin embargo, cuando existe sospecha de linfoma, es necesario obtener una muestra del tejido afectado mediante una biopsia, que permite determinar el tipo exacto de enfermedad. Conocer el subtipo es fundamental porque el tratamiento puede ser muy diferente según el caso. Una vez establecido el diagnóstico, se realizan estudios para evaluar qué zonas del organismo están comprometidas; este proceso se denomina estadificación y es clave para planificar el tratamiento más adecuado.
Abordaje terapéutico
No existe un único tratamiento para todos los linfomas, ya que no constituyen una sola enfermedad. Sus comportamientos y pronósticos varían considerablemente: algunos crecen lentamente y pueden controlarse durante muchos años, mientras que otros crecen rápidamente y requieren tratamiento inmediato. Muchas variedades de linfoma pueden curarse; en otros casos, el objetivo es controlar la enfermedad durante períodos prolongados manteniendo una buena calidad de vida. Cada paciente es diferente y el tratamiento debe ser siempre individualizado. Gracias a los avances actuales y a la diversidad de tratamientos según el caso, la Dra. Turdo aconseja dialogar directamente con el equipo de hematología para evaluar la situación particular sin alarmarse solo por el nombre o el estadio de la patología.