Las encías cumplen un papel fundamental en la salud de nuestra boca; son el tejido que rodea y sostiene los dientes, ayudando a mantenerlos firmes y protegidos. Sin embargo, cuando estas se inflaman o se infectan, aparece la enfermedad periodontal, una afección muy frecuente en la población adulta que suele comenzar de forma silenciosa. Es una infección que afecta los tejidos de soporte —encías, ligamento y hueso— y conocer sus alcances es vital para evitar consecuencias irreversibles.

Generalmente, el proceso se inicia con una inflamación leve llamada gingivitis, donde las encías se ven rojas y sangran durante el cepillado. Si no se trata a tiempo, la enfermedad avanza hacia la periodontitis, una etapa grave donde se destruye el hueso que sostiene al diente, lo que puede provocar movilidad dental e incluso la pérdida de piezas. La causa principal de este deterioro es la placa bacteriana, una película invisible que, si no se elimina correctamente, se endurece y se transforma en sarro, favoreciendo la infección.

Existen diversos factores que aumentan el riesgo, desde una deficiente higiene bucal y el tabaquismo, hasta la diabetes, el estrés o cambios hormonales (como en el embarazo o la menopausia). Dado que la enfermedad suele ser indolora, es fundamental estar alerta a síntomas como el mal aliento persistente, la retracción de las encías —que hace que los dientes parezcan más largos— o la presencia de pus.

Prevención y abordaje médico

La buena noticia es que esta afección es prevenible y tratable. El pilar de la salud gingival es el hábito: cepillarse al menos dos o tres veces por día, utilizar hilo dental diariamente y mantener una alimentación equilibrada. Asimismo, los controles odontológicos periódicos y las limpiezas profesionales son herramientas indispensables para detectar cualquier anomalía a tiempo.

En cuanto al tratamiento, este dependerá del grado de avance. En etapas iniciales, suele ser suficiente una limpieza profesional acompañada de una correcta higiene en casa. No obstante, en casos avanzados, el odontólogo puede indicar procedimientos más específicos como el raspado y alisado radicular para eliminar el sarro debajo de las encías, el uso de antibióticos o incluso cirugía periodontal. En conclusión, la detección temprana es la mejor estrategia para conservar los dientes por muchos años y garantizar una salud integral.