Una coincidencia curiosa marca este 14 de febrero: mientras medio mundo gasta energía emocional —y batería del celular— mostrando amor eterno en redes sociales, el calendario nos recuerda que también se celebra el Día Mundial de la Energía.
En esta fecha, dos “energías” potentes se cruzan: San Valentín, la energía del romance, y el Día Mundial de la Energía, diseñado para concientizar sobre el uso responsable de los recursos.
El contraste es evidente: miles de velas encendidas para la foto, millones de videos en 4K de ramos de flores saturando servidores que consumen electricidad a niveles industriales.
Por eso, este año se propone un San Valentín más sustentable: apagar pantallas y disfrutar de la compañía real. A veces, la mayor eficiencia energética no está en reducir kilovatios, sino en compartir un abrazo silencioso, que no consume datos ni batería.
La reflexión es simple: la única conexión que realmente importa no es la de tu cargador ni la de tu red Wi-Fi. Menos pantallas encendidas para alimentar el ego y más atención para quienes tenemos enfrente. Ahorrar energía en lo que es pura fachada nos permite invertirla en lo que realmente nos hace vibrar.